Depresión.

A la mierda todo
A la mierda todo
Todo
Todo a la mierda
A la mierda todo
Y puedo seguir escribiéndolo
Y seguirá sonando vacío
Y no me importa
No me incomoda
O si
Y tampoco importa
Digo que se vaya todo a la mierda y es falso
No quiero que todo se vaya a la mierda
Casi que se está yendo y no me gusta
Intento reordenar
Recomponer
Get my shit together
Y casi que no puedo
O no quiero
Esa parte nunca la sé
Y no me importa
Casi que no me importa nada
Pero tampoco sé qué hay dentro de ese casi
Es un limbo
Permanente
El limbo de la vida
De la muerte
Del delirio
De la depresión
¿Presión de qué?
Nadie sabe
Depresión. ¿Sin presión? ¿Presión que cesa?
Quien sabe…
No me interesa.
No me interesa nada.

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Inconcluso.

Estar
incómodo
siempre.

A propósito.

Creo q estar incomodo es algo que me obliga a estar presente. Como bañarme con agua fria en invierno. Como dormir en una cama pequeña todo encorvado. Estar acostado con frazadas arrugadas que me tapan sólo partes. Algunas con calor. Otras con frío. Comer con un cubierto sucio y que me dé un poco de asco. Y que no me moleste tanto. Es secarme con una toalla húmeda y terminar un poco sucio. Estar presente. Saberme ahí, en el momento. Sintiendo. Observando. Sino todo pasa así nomás. Me baño, me saco la mugre y chau. A otra cosa. La mugre en el pasado. Y todos tenemos un poco de mugre. No me gusta caretearla. Tengo hambre, como y chau. Y así no es la cosa. El hambre hace ruido, el hambre no te deja pensar. La panza vacía grita y ese grito no hay que callarlo del todo. Está bueno escuchar. Saber que si escuchamos un grito es porque alguien nos está llamando. Y ese alguien a veces somos nosotros mismos.

Estar incómodo. Estar presente.

Vivir en departamentos vacíos,
de paredes blancas.
No decorar. No adornar.
Que todo se sienta transitorio.
Porque al fin y al cabo lo es.

Ni de acá, ni de allá. Ni cordobés, ni santafesino. Una mezcla. Un todo. La nada misma. Porque al final el todo es nada si no le falta algo.

Y asi con todo. Un poco si, un poco no.
Estar incómodo sabiendo que quise cosas que nunca tuve, pero siempre consciente que tengo mucho más que muchos.

Y a veces, demasiado.

Estar cómodo es mi pecado, si es que eso existe.
Y entonces ahí voy, dando vueltas. Dejando todo incompleto. Con bolsillos agujereados. Prohibiendome de cosas y de sentimientos. Cultivando relaciones vacías. Dejando historias a la mitad. Proyectos inconclusos. Besos sin terminar. Para así poder sentir algo. Que algo falta. Algo que me diga que estoy acá, incómodo, vivo, con algo en el pecho. Que algo haga ruido.

Y si ese ruido no viene del amor, ni del miedo, ni del odio, ni del dolor, ni de la soledad o las compañías, ni del lugar o de las cosas… que al menos venga de la incomodidad. Que contrarreste esa suerte que nunca pedí, ese privilegio que no merezco.

Pero entonces ahí voy…
dejando todo a la mitad.
Todo para después.
¿Y después qué?
Si sólo estamos ahora.

Olvido

Nunca sentiste eso?

Es como cuando en un día muy caluroso dejas que una gota de sudor recorra tu cara de principio a fin. Una incomodidad que dejas que suceda, para sentirla y que se haga presente. Se haga cosa. No la secas, no te limpias. Dejas que haga su camino. Comienza en tu frente, baja y se acumula en un costado de tu ceja. Reposa unos momentos, piensa, siente. Luego sigue. Baja por tus párpados, gira, recorre tu mejilla y se sienta en el borde de tu rostro, toma valor y salta.

Así se sentía pensar en vos.

Un sentimiento que se permitía existir, sabiendo que al final se atrevería a caer en el olvido.